martes, 10 de noviembre de 2009

En casa

El fin de semana próximo pasado tuve la "fortuna" de tener que viajar a la ciudad esmeralda por motivos de trabajo. Independientemente de que la pequeña y "breve" reunión lo único que hizo fué alborotar más mi cabeza, sacarme de mi centro y crear millones de dudas e inconformidades; todo fué mucho peor cuando llegué a casa.

Adoro a mi familia, en cierto modo tengo una fuerte adicción por estar en contacto con ellos todo el tiempo que me sea posible, siempre y cuando este tiempo no sea físico, porque ahí es donde se rompe el encanto.

De por sí es sumamente complicado llegar a casa de mis papás, y tratar de sentirme "en casa" cuando todos tienen (obviamente) rutinas establecidas, actividades programadas, cosas que hacer y yo me quedo ahí, nada más pasando los días y las noches en un cuarto lleno de recuerdos que en esta ocasion lo único que hiceron fue hacerme sentir aún más patética de lo que llegué.

Y es que ahí estan las cajas que contienen mi pasado, los diarios de la secundaria en donde me encargaba de hacer planes para cuando yo tuviera 25 años (el contenido prefiero omitirlo), inmuerables vestidos confeccionados con kilómetros de tela para poder envolver un cuerpo de 100 kgs que mi mamá se rehúsa a donar a la caridad, mucha humedad, fotos, cartas, libros y cosas que hacen mucha más pesada la carga que actualmente siento sobre la espalda.

La tranquilidad de provincia y la necesidad automática de evadir me provocan moverme, lavar, limpiar, cocinar, tratar de involucrarme en las rutinas de los demás, y tratar de expresar viendo a los ojos, a mi familia el infierno por el que estoy pasando en este momento.

No funcionó, no sé si es parte de la educación que mis padres recibieron pero no pueden comprender que me sienta deprimida, para mi papá la depresión es un pretexto para no trabajar, para mi mamá es simplementen ociosidad, negatividad y mis ganas de llamar la atención para obtener algo que ella no puede comprender.

Todo es mi culpa, si me siento así es porque soy perezosa, porque no tengo un plan de vida, porque me niego a responsabilizarme de mi vida, porque no entiendo que la vida es así y que uno tiene que soportar todo lo que se ponga enfrente y levantarse todos los días a trabajar. Que la vida no puede cambiar, que el sacrificio es necesario... (aun no comprendo para qué porque ellos no son lo suficientemente religiosos como para inculcarme la idea de que el sacrificio me abrirá las puertas del cielo) y porque hay que aguantar... siempre, todo.. y al mismo tiempo sonreír y saludar.

Definitivamente no puedo más.

No hay comentarios: