martes, 1 de junio de 2010

De la cama a la cocina

Que las cosas no cambien me llenan de una seguridad terrible, tenerle miedo al anochecer, a los sueños, a los días, al contacto con mi cuerpo. Al silencio, a la soledad de la noche, en donde todo sale, fluye se hace presente y no se puede distraer con lo cotidiano.

Es irónico pensar que eso es un lugar seguro, pero lo entiendo, convivo con eso, lo conozco, estoy acostumbrada y hasta el día de hoy no me he atrevido a intentar otra manera de vivir.

Es difícil entender los días, deslizarse al suelo y reptar hasta conseguir las fuerzas para llevar a cabo una actividad, cualquiera que sea... hasta la más sencilla rutina. Intentar por todos los medios ser normal. Pero esta dificultad es cómoda; algunos pensarán drámática, o afán de protagonismo, ganas de llamar la atención.... recursos de alguien que no es normal.

¿Qué es ser normal?

Todos hablan de normalidades, de costumbres, de paradigmas, sin siquiera pensar si esa normalidad es la que nos corresponde a todos. Yo sé que no soy normal, y lo acepto, y lo siento y me disgusta y me gusta y me acompleja y me preocupa y me tiene sola.

Pero cómo fué que llegué aquó. Al día de hoy; al cuestionamiento cotidiano, a la lucha diaria por no perder las riendas, por mantenerme cuerda, por ser feliz, estado que raramente consigo.

Sé que mis ideas son normales, mis conjeturas son normales mis deducciones son normales, mucho más normales que las de los demás. Lo que no lo son son mis reacciones, mi autocrítica, mi exigencia, mi afán de perfeccionismo mi autojuicio. Mi propia definición de perfección.

Sé que este lugar tan cómodo, seguro, cínico y tenebroso es el que no me deja seguir adelante, atreverme a romper esquemas, a hacer lo que quiero a permitirme fallar y no ser perfecta y aterrorizada confieso que comienzo a dar los pasos a lo desconocido en la búsqueda de lo distinto de un lugar diferente, uno que quizá sea aún menos normal pero mucho más alegre.

No hay comentarios: