miércoles, 1 de septiembre de 2010

Cafecito

No recuerdo exactamente qué día era. Supongo que era un miércoles. Otra vez el nervio. Otra vez la confusión. Un vestido azul con flores verdes. La cita en un lugar difícil por la historia. Otra vez llegué primero, elegí la mesa, en esta ocasión pedí té y una botella de agua. Suponía la prisa.
Trataba de estructurar mentalmente un discruso que me permitiera sin ira, ni rencor, plantear lo que pasaba por mi cabeza, por mi corazón, lo que necesitaba. Tenía pánico. Y sobre todo creo que esa fué la primera vez que durante la conversación las lágrimas se asomaron sin desbordarse.
Hoy, no recuerdo de qué hablamos, pero recuerdo qué canción estaba de fondo cuando él llego. No recuerdo qué dijimos sólo recurdo que salimos de ahí felicies y lo que yo pensé que era un punto final, se convirtió en un punto y seguido sin darme cuenta. Esta es la imagen de mi espera, de mis nervios, quería guardar la imagen de un momento. Por qué lo recuerdo hoy? Porque me encantaría tener la oportunidad nuevamente de poder hacer las cosas de frente y en el fondo, a pesar de mi enojo; vive en mí aún la esperanza de que la moneda de la vuelta y todo cambie como sucedió esa tarde noche.

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