miércoles, 11 de julio de 2012

Escribir nuevamente en un teclado; algo difícil después de la práctica del papel y la pluma hasta que salga el callo en el dedo. Hasta que se manche el  anular izquierdo.
Tantas cosas que se dicen al aire cargadas de todas las emociones del mundo pero que van directamente al aire.
Y qué más decir.... Más nada. No entender sólo sentir. No decir sólo pensar.
Porque al final, todo se vuelve un momento en la memoria que no se puede repetir, que se tiene que modificar, que tiene que pasarse al famoso olvido.
Pero no se deja.
No se quiere.
Se anhela... se desea....
Y el tiempo pasa, los años pasan, la vida pasa....
y así; con las uñas pintadas de naranja, se transmiten los sentimientos en una pantalla. Sentimientos cortados que sólo los entiende quién los escribe.
Así... con las uñas pintadas de naranja... porque los dedos tienen en esta ocasión algo que ocultar. Ese algo que esta tan dentro que no debe salir.
Que se debe de quedar
Que forma parte de la memoria individual. La que se recuerda en lo cotidiano.
La que ha sido parte importante de esto que se llama vida.

Casi dos años después.

La mudanza estuvo, intentando cambiar absolutamente todo lo que había aquí. Hoy, por curiosidad regresé a leer anécdotas laborales que extraño con locura. Cuándo independientemente de las quejas la pasaba tan bien ocupando mi tiempo al máximo. Tan al máximo que era un grado de estrés aparentemente insufrible. Pero bien vivido.
Hoy, la razón de la mudanza ya no está. Y no veo el caso de dejar de escribir en un lugar que seguramente ya nadie lee. Más que yo. Pero me agrada recordar esos tiempos; sobre todo ahora que los corrientes son tan distintos.
Es alegre saber que lo que uno ha hecho ha sido intenso, productivo, memorable.
Y espero. Que después de esta pausa aparentemente obligada; tenga yo la capacidad de crear y atraer nuevamente la magia laboral, la casualidad en ofertas, y sobre todo esa magia que "sólo a mi me pasa" sin la que no puedo vivir y que además tanto extraño.